domingo, 9 de diciembre de 2018

UNA VISION DE ESPAÑA

Fecha: 12/06/2018

Lugar: Casa de la Provincia

URL: http://elcorreoweb.es/opinion/columnas/una-vision-de-espana-YF4263076


El título de la Exposición “La visión de España” dice a continuación exactamente: “en la pintura Victoriana. La pervivencia del modelo Romántico” y de eso trata: de esa interpretación de España y de los españoles desde el último tercio del XIX hasta el primero del XX -esto es, desde 1860 aprox. a 1920- hecha por pintores y acuarelistas ingleses que optaron por cruzar el Canal de la Mancha y recorrer nuestro país como parte de ese exotismo ya anacrónico en sus días con respecto a la Europa coetánea. Por eso, a pesar de los alardes efectistas, de los tecnicismos cromáticos empleados por ellos en las 75 obras que la integran, amén de los realismos a los que llegan partiendo de la base del Costumbrismo (esa faceta del realismo naturalista e historicista de índole popular), nos deja un sentimiento agridulce porque esa visión de España no es precisamente la heroica, rica o culta, sino la que -salvo excepciones de edificios y paisajes monumentales- se nos describe a través de una serie de tipos que no se sabe si se corresponden con una crítica velada, pero que en cualquier caso nos retrata desde el punto de vista desde dos de los aspectos fundamentales de la mentalidad de entonces, esto es, el que recaía en el peso -enorme a niveles cuantitativos- de la mendicidad y de la iglesia.

Nos encontramos ante una serie de autores dignos y correctos, de buenos técnicos en lo que se refiere a la representación  -algunos de los cuales bastante conocidos- cuyas manifestaciones en esta ocasión, no son las que captan los rasgos de la aristocracia, alta burguesía, los altos estamentos políticos, eclesiásticos, militares, o los lienzos de carácter religioso, mitológico, etc., sino las que por el contrario se inspiran en los aspectos (pseudo)tradicionales, (pseudo)folklóricos, que para seguir a los historiadores clásicos de este periodo, podríamos enclavarlos en el “typical spanish”, la españolada, la “España Negra” o  en el “Spain is different”, realizado no de cara a nosotros mismos, sino para que se nos vea fuera, en este caso en el mundo anglosajón.  

Los retratos de majas, majos, toreros, bandoleros, aguadores, vendedores de todo tipo de elementos de subsistencia como frutas, verduras, ganado lanar, gallinas, abanicos, …, las escenas de galanteo, las de interiores domésticos, las que describen imposiciones sociales, las devociones, … nos hablan de un país que fue clasista, machista y racial (aunque no se le considerara así, y sin embargo lo fuese), desplegado en las vestimentas, las poses, los accesorios, los acarreos ¿gitanos?, ¿moriscos?, los detalles decorativos y que sobre todo se desprende del cruce y la intencionalidad de las miradas de los protagonistas anónimos de los lienzos y dibujos al agua, un cierto cliché intencionadamente buscado que al día de hoy nos parece realizados con una visión mejor que de exaltación, de superioridad.

Tal vez la realidad de buena parte de la España de entonces, la de las romerías, las corridas de toros, las procesiones, los rezos del rosario, los rituales de boda, las visitas del cura, los cortejos con carabina, la de la burguesía media y los pobres de solemnidad, no sea otra cosa que la manifestación que mejor describía a esos sectores de la sociedad y que todo lo que vemos aquí representado no sea sino el espejo (cóncavo) con que nos entendían. 

La mujer, “la belleza española” que da pie a algún cuadro, la diferencia de clases entre la dama, la pitonisa, la pedigüeña, la sumisa doméstica, la vendedora ambulante y el macho arrogante, filtreador, activo en los lances amorosos, burlador, tabernario, no sea sino una visión estereotipada, extrapolada o ¿por qué no esperpéntica?, que se desarrolla con bastante carga erótica e intencionalidad para nada, en apariencia, imparcial. Un (sub)mundo de chulos y chulaponas que parecen actuar artificiosamente disfrazados con trajes de luces, capas, mantas alpujarreñas, sombreros catites, mantillas, faralaes, velos de blondas.   

Nada se deja atrás en esta visión estereoscópica de este país del Sur de Europa o del Norte de África, ni siquiera las fiestas. Aun así es triste comprobar cómo a pesar del colorido, del virtuosismo lindando en el hiperrealismo, de todo lo que intentaron captar a través de los atardeceres maravillosos en el interior de claustros, en la vegetación de los patios, en la luz y los colores de Sierra Nevada o en las fachadas de La Alhambra, en los perfiles recortados de una ciudad como Segovia, … y a pesar de la insistencia en la representación de escenas bucólicas, de los ejemplos de edificios emblemáticos desde el Norte hasta el Sur, el Este o el Oeste (también de los paisajes costeros o agrestes del interior), esta colección no refleje sino una parte de esa España sumida en el tópico. No obstante, hay que reconocer que ofrece una visión de conjunto de lo que debimos ser, mucho mejor que cualquier libro o lección teórica de Historia social. 

Escribo esto desde el punto de vista de un visitante cualquiera que no dispone de Hoja de Sala, ni Catálogo ni folleto a la vista y que la información que se facilita en el panel, sólo indica que es propiedad de “un coleccionista particular patrocinado por Unicaja”.


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