Lugar: CICUS
URL: http://elcorreoweb.es/opinion/columnas/exposicion-ausencias-en-el-cicus-CB4553235
Hasta el 9 de Noviembre
permanecerá abierta en el C.I.C.U.S. (Centro de Iniciativas Culturales de la
Universidad de Sevilla), una exposición que reúne -se nos antoja, porque
quisiéramos más- una pequeñísima selección de las obras de siete artistas
-algunos de los cuales trabajan junto a otro- bajo el título “Ausencias”.
Lo primero que nos sugiere esta
muestra, es que dado un tema tan interesante como este, son pocos son los
autores y las obras que se exhiben. La ausencia, que tiene múltiples discursos contemplada
desde todas las disciplinas a partir de las cuales puede analizarse, es ya en
sí misma un tema extraordinariamente propicio para hacer una gran exposición
con nombres significativos -también con los no tanto y también con los que
están aquí, que han tratado y tratan este asunto tan trascendente y fundamental
en la vida de cada uno- desde todas las técnicas, materiales y perspectivas
posibles, entendido esto desde las artes plásticas y visuales y después por todas
las que se quieran traer aquí pasando por las escénicas, performativas,
cinematográficas,…y por supuesto desde la filosofía, la literatura, las
religiones,…
Lo segundo que plantea -es la
pregunta que me hago y que comparto con otros colegas- es la de si un galerista
o exgalerista, o en cualquier caso promotor artístico, puede utilizar los
espacios públicos para comisariar o/y exponer a sus representados, en
detrimento de autores que van por libre sin tener la suerte (o quien sabe si
atadura de pies y manos), de que alguien los represente, es decir se beneficien
mutuamente, ya que no todos los artistas tienen un galerista, máxime
considerando un caso como este, en que un galerista -o exgalerista al menos no con
sede física- es el comisario de la muestra.
Lo tercero y derivado de la
anterior, es la pregunta de si esos “comisarios” cobran de la administración,
además de hacerlo los técnicos que trabajan en cualquier institución o espacio
público para beneficio privado -al margen claro está, de los artistas- ya que
para estos precisamente es para lo que se han creado estos lugares hasta ahora
sagrados y donde se veneraba esa cosa que era el arte sin sospecha de lucro
añadido. Me refiero a las públicas, no a las privadas, porque allá cada quien
con sus presupuestos.
Lo cuarto y en línea con esta
indagación presupuestaria, es la falta de transparencia con respecto a lo que
cuesta cada una de las exhibiciones que se hacen con dinero público, en las que
se agradecería un desglose de todos los gastos que se han facturado: transporte,
seguros, montajes, vigilancia, limpieza de sala, etc., etc. o al menos que
pudiera ser de fácil consulta.
Lo quinto, es que si además del
“comisario”, (curador, curator o “cureitor”) -personaje muy necesario por
supuesto y a considerar positivamente siempre y cuando no tenga otros intereses
de vender a través de la entidad que acoge a sus representados, de cara a su
negocio más la publicidad añadida que le reporta- es que si también cobra el
artista que presta, alquila o cede temporalmente su obra para que esta se
exponga, porque se oye de todo, incluido esto, y ¿por qué no?, también con
razón si así fuera.
Digo todo esto porque cuando
últimamente voy a salas públicas, echo en falta toda esta información útil como
comentarista de arte e informadora de lo que acontece en ellas, y como público
en general porque muchas personas lo primero que me dicen es: “sí, sí, todo eso
del cromatismo, el multiestilismo policultural,y cuantas cosas pudiera afirmar
en relación a un artista o a su obra, está muy bien, pero: ¿cuánto ha costado?,
¿cuánto me ha costado de mis impuestos? Y ocurre que la imagen que se está
dando aparte de la de opacidad, es la de que aquí, se lo monta cualquiera que
pase por allí o que le eche rostro al asunto.
Desde marzo en que empecé mis
colaboraciones en “El Correo de Andalucía”, he mantenido conversaciones con
toda una serie de personajes que pululan por así decirlo en torno a las salas
públicas, que cobran por exponer sus colecciones particulares, por la edición
de libros, folletos, rotulaciones, cartelería y por todo lo que podamos meter
aquí (agencias de comunicación, fotógrafos, imprentas, etc.) y que como digo
incluyen desde flayers hasta catálogos con firmas destacadas o no, cóckteles, …
Mientras que por el contrario, hay otros -sobre todo artistas individuales que
exponen en ellas- que no sólo no cobraron un euro, sino que además han debido correr
con todos los gastos y encargarse de todo, desde antes de la inauguración al
desmontaje. No diré abonar el alquiler de las salas, que también ha habido
casos.
En este mundo al revés en el que parece
que estamos viviendo en tantos aspectos en lo que se refiere al arte, no sería
de extrañar que el que paga no es quien ocupa la sala, o por decirlo mejor, quien
la alquila durante equis tiempo, sino que es la Administración correspondiente
quien le paga al “inquilino”, y aunque esto lo comparto en muchos casos, en
otros, se da pié a que estas se conviertan en coladeros de oportunistas, que
hacen en ellas un circuito paralelo a sus negocios privados utilizando los
espacios públicos. Y por supuesto sin entrar ahora en la rumorología que se
fomenta con esta situación, por considerar que se fomentan favoritismos y clientelismo de cualquier
tipo.
Es evidente que una Exposición
supone un gasto enorme partiendo siempre y como dije, en lo que concierne a las
arcas públicas, sean municipales, de Ministerios, de Consejerías o Delegaciones
de la Junta, de los Distritos, de Instituciones Oficiales, etc. comenzando por la
luz, sueldo de los empleados, mantenimiento, fungibles,…Por eso extraña -a los
profanos y a los profesionales del arte- que parezca que todo es gratis y que
todo vale sin que se sepa quién paga y quién cobra si es que fuera así. La
post-post-modernidad hace mucho ya que la enterramos y no están los tiempos
para despioles ni por supuesto para que no se tenga en cuenta en lo que
respecta al arte, a los artistas y a los espacios públicos, una mayor
transparencia de la que hay ahora. Y no, porque esto da pie a chismorreos,
falsedades, sospechas de todo tipo (como que los presupuestos están inflados, los
artistas enchufados, …) y en el fondo, con esto lo único que se consigue es el
desprestigio de todos, tanto de las instituciones como de los autores
participantes.
En el caso concreto de esta exposición
y a falta de Catálogo, la información que se facilita en sala y en las cartelas
que se sitúan para colmo (siguiendo consignas más que anticuadas basadas en la
confusión, en el esfuerzo al espectador, …) en rincones alejados de las obras,
no es lo suficientemente completa de manera que exigiría una formación
extraordinaria en lo que respecta a la biografía, trayectoria y técnicas de
estos artistas.
A pesar de todo: Manuel M.
Romero, Fuentesal & Arenillas, José García Vallés, Moreno & Grau,
Arturo Comas y Martínez Bellido, han traído unas propuestas “lo siguiente a interesante”
dejando claro en mi opinión su sinceridad, el que sean respuestas personales a
esa ausencia que se llena de vacíos y de símbolos propios para representar las
naturalezas vivas y sobre todo muertas, y que por supuesto parten de una
reflexión que gratamente exigen o a la que nos invitan. La luz, la cadencia de
lo efímero, lo que está y no está, lo que fue, el tiempo, el movimiento fútil,
…todo está en esta pequeña exhibición que de seguir por estos caminos, les
llevará lejos. O ya lo están.
Fuentesal & Arenillas
representa la ausencia con una especie de caligrafía monócroma -bícroma si se
tiene en cuenta el blanco de los fondos- que siempre es inconclusa, que
comienza y se interrumpe o continúa a partir de esa interrupción en la
siguiente imagen de su tríptico, de algo que desconocemos, pero que se ha
perdido en medio de ellas.
Arturo Comas con sus fotos
hiperrealistas de grandes formatos, nos introduce en un mundo donde cobran
importancia inusitada los detalles, algo que ya pasó en las paredes o suelos,
troncos de árboles, cuerdas, espacios. Siempre el mismo escenario lleno/vacío.
Iconos de múltiples lecturas para los que nos iniciamos en sus códigos.
José García Vallés, en las
diferentes variaciones de la rotación de una luz proyectada sobre la pared en
la que ha colocado un rombo negro, hecho con vinilo adhesivo, puede que nos
hable metafóricamente de esa cadencia del tiempo desde que se inicia hasta que
desaparece y vuelve a aparecer en un circuito perpetuo.
Moreno & Grau también
trabajan con la luz, esa esencia, en las dos cajas que quizá aludan a la
alternancia del día y de la noche, una especie de reloj consistente en una gran
piedra horadada por la que pasa al igual que en los santuarios prehistóricos o
de otras culturas ancestrales, el reflejo o la penumbra que significa el
tránsito, el ser y el no ser, lo que fue, lo que será.
Martínez Bellido manipula,
interviene fotos, borra, dibuja y desdibuja en un intento que tiene que ver con
el pasado, con lo que ya no existe y para el que quita rostros, paisajes,
edificios, situaciones, reinventa la Historia como quisiéramos que hubiese
ocurrido o tal vez nunca, raspa las imágenes, las disuelve, conjugando la
pérdida, los recuerdos y los olvidos.
Manuel M. Romero con sus
ceras mezcladas o no con óleo y lápiz, integradas
en sus collages hechos con sprays y óleos y dispuestas sobre papel encolado en
madera sobre bastidor o en lienzos de lino sin él en la pared, nos deja
manchas, huellas, la vida de lo que ha pasado por su taller y si acaso también,
por él mismo, sus metamorfosis y crisálidas. Lo que es y lo que no.
No hay comentarios:
Publicar un comentario