Lugar: El Antiquarium
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Rai -abreviatura o heterónimo de
Raimundo Rodríguez Ruiz- sigue siendo, aunque en otra dimensión a lo que hacía
en la década de los 80, un dinamizador social, en cualquier caso alguien que,
en determinados momentos y por miles de circunstancias, se ve envuelto en un
engranaje del que es pieza principal. De este modo, cuando decide alquilar un
local en la calle 7 Revueltas de Sevilla y comienza a hacer serigrafías allí,
muchos fueron los artistas que pasaron e incluso se formaron en él, de manera
que poco a poco aquel lugar se fue convirtiendo en una especial escuela libre de
arte, pensamiento y acción y un espacio de enriquecimiento compartido.
La exposición que puede verse
ahora en la sala Antiquarium -al frente de la que está Javier Fito, uno de los
autores participantes en la muestra organizada por el ICAS- trata precisamente
de esos dorados años 80 y de las obras de bastantes de los autores que pasaron
por allí -no sólo de aquellos que llegaron a ser artistas plásticos o
diseñadores- sino también filósofos o escritores que optaron por que algunas de
sus obras, hoy ya emblemáticas desde el punto de vista del debate intelectual, fueran
serigrafiadas -sobre todo las portadas y carteles- por Rai en solitario o en
complicidad con cada uno. Esto no quita que fueran los únicos que se dedicaran
en nuestra ciudad a realizar serigrafías, pero lo de especial que tiene la
presente muestra, es que todos los que participan, recurrieron a él para
hacerlas.
A 30 años de distancia de toda
esa generación, que eclosionó en ese
periodo maravilloso coincidiendo con el de su juventud, nos preguntamos si los
que están aquí representados, formaron en realidad parte -entre otros
colectivos reunidos en torno a la revista Figura, a la moda y complementos, o a
los talleres del Patio de S. Laureano, bares,…- de lo que bien pudo llamarse
“la movida sevillana” y si estos entonces jóvenes “alternativos” y
verdaderamente vanguardistas a la altura del diseño internacional, eran
conscientes de la revolución que estaban haciendo, teniendo en cuenta que estaban
por completo dando la vuelta al rancio concepto de la cartelería y la
publicidad, cuando no totalmente creándolas ex novo.
La exposición trata de diseño
gráfico y publicidad, materias minoritarias entonces en las Escuelas Superiores
y de Artes y Oficios salvo excepciones como las de José Luis Pajuelo, Juan
Valdés, Sebastián Berlanga, Diego y Dámaso, Paco Cortijo, Enrique Acosta, Antonio
Pérez-Escolano, Fernando Baños y Rafael Herce (disculpen los que no cito y a su
disposición estoy), que convendrían rescatar si se quiere tener en cuenta la
evolución que prosigue la tradición estampera (xilográfica, calcográfica y
litográfica) en lo que respecta a la edición e impresión, y que alcanza en
nuestros días cotas inusitadas en cuanto que son a la par vehículos de
comunicación social, industria, artesanía y aunque obras seriadas, perfectamente
equiparable a las autónomas y por tanto no aplicadas al servicio de aquellas. La
serigrafía es tan arte como cualquiera otra, con la ventaja de que por a su
cualidad reproductiva, facilita la difusión de los autores y comercialización
de las obras.
La exposición, con el mismo fin
didáctico que ha caracterizado siempre a Rai, tiene la ventaja de que pueden
verse originales junto a reproducciones de los 32 autores, que además de él, la
integran: Horacio Hermoso, Antonio López (Momo), Juan Aº Rdz. Tous, Javier
Fito, Verónica Hernández, Rafael Iglesias, Juan Barba Robles, Jacinto
Gutiérrez, Javier de la Rosa, Remigio Sierra Gudín, Fernando Rayo, José Alfonso
Madrid, Rocío Arregui, Manuel Ortiz, Juan Ibáñez, Antonio Mariscal, Ángela
Muñoz, Rodrigo Arambarri, Isabel Chiara, Curro González, Julio Juste, Gonzalo Llanes,
Luis Gordillo, Otto Pfeifer, Abelardo Rdz., Guillermo Pérez Villalta, Ricardo
Casstillo, Manuel Ruesga, Paco Acosta y Paco Molina. Algunos de los cuales nos
dejaron imágenes icónicas de esta militancia artística, si el cartel se
entiende también como un grito (de paz, libertad, protesta o guerra).
Esto no quita que al margen del
taller de 7 Revueltas, no existieran otros lugares donde la serigrafía también
se realizaba y comercializaba, como lo hacía Rai para los artistas, bien por
encargo de estos hacia él o de él hacia ellos, o bien realizando carteles u
obra gráfica, en su caso excepcionalmente para Ana Cortijo o Fausto Velázquez.
La que puede definirse como la
gran época de la serigrafía, la obra gráfica y la edición hispalense, contó con el patrocinio de
instituciones públicas y empresas privadas que empezaban a proliferar, teniendo
en cuenta que estos son los años en los que fluían las oportunidades devenidas
de la pre-Expo del 92 por un lado y la creación de las Consejerías y
Delegaciones por otro. De manera que en los otros talleres y estudios, se
elaboraban también libros, catálogos, folletos, postales, series y carpetas para
galerías como Juana de Aizpuru o la tienda de discos Casa Damas de la
c/Asunción, quienes las comercializaban por suscripciones.
Es difícil definir al “artista
Rai”, ya que lo es lo es porque habiendo estudiado física electrónica, se formó
como serígrafo de manera autodidacta llegando a virtuosismos que hoy resultan
admirables por la calidad lograda y para lo que se servía de todo
aprendiendo de sus logros con la cuatricomía, la posterización y las
dificultades que iba encontrando para pasar al papel, los óleos, acrílicos,
acuarelas, fotografías,… que les llevaban, sirviéndose de las más variadas
técnicas y materiales además del bastidor, tintas y aplicadores. De ahí, que desde
las piezas monocromas llegara hasta las 21 tintas, para completar la que sin duda
es su obra maestra: el dibujo anatómico de una cabeza, del también pintor y
promotor cultural de la Sevilla de esos años, como fuera el genial Paco Molina.
En 2º lugar porque no sólo se
limitaba a serigrafiar los diseños que les llevaban o hacían entre varios in
situ, sino que les enseñaba todos los secretos de esta técnica milenaria, fácil
o difícil según se mire, pero que exige una exactitud nanométrica (si es
complicado lo que se va a reproducir) y cuyos frutos llegan hasta hoy con
serígrafos tan virtuosos como los también maestros del Taller del Pasaje (José
Luis Porcar y Cristina Luengo,) que se han unido a esta celebración con una de
las obras expuestas.
A 30 años de distancia, me
pregunto qué es lo que queda hoy de todo aquello; si sería posible hacer
algunos de los valientes diseños, y ¿dónde están ahora estos “cincuentones”, si
siguen o no en el oficio de crear, o si por el contrario optaron por la
estabilidad que da el ser profesor reglado o funcionario y conservar aquellos
sueños que aunque se materializaron, quedaron relegados al olvido.
Lamentablemente algunos ya no están con nosotros, una gran mayoría a duras
penas lucha cada día por sobrevivir en un ambiente nada propicio a la
adquisición de obras de arte, y sólo unos cuantos compatibilizan su labor
creadora con otras tareas relacionadas con el arte.
Ocurre que todo aquel que por
esos años quería hacer algo creativo en estos aspectos de reproducir o
publicitar sus obras, casi que no tenía otro camino -al margen de las instituciones
públicas y los impresores afines a ellas- que pasar por ahí, aprender, darse a
conocer y relacionarse, pues todo eso es lo que era el Taller en donde oficiaba
como maestro Rai, en palabras de muchos artistas que de nuevo se reencontraron.
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