URL: http://elcorreoweb.es/mirando-a-murillo-DY4320702
Por unos pocos meses y varias
veces al año, la Fundación Valentín de Madariaga se transforma en un Museo de
Arte Contemporáneo, un Centro de Arte efímero que reúne a destacados artistas
del panorama local, nacional e internacional. También dando acogida a los
emergentes, aquellos quienes a través de los cursos que se organizan allí por
reconocidos artistas, fotógrafos y creadores en general, van adquiriendo ese
aura de prestigio que desde sus inicios la institución mantiene.
A lo largo del curso (para
centrarnos en el que termina), la que fuera sede del Pabellón de Estados Unidos
en la E.I.A. de 1929 ha visto colgar y descolgar dentro de sus espacios, algunas
exposiciones temporales -y como la actual monográfica- que pretende rendir -y
lo consigue- un homenaje a Murillo desde la visión más contemporánea y desde
las últimas tendencias al margen de los “otros” academicismos.
Todos los que asistimos a este
tipo de encuentros con el arte, sabemos que todas las obras que ahora llenan
las salas de pinturas, esculturas, fotografías, collages, instalaciones,
videocreaciones, conceptualismos y las más diversas técnicas, desaparecerán de
ahí como por hechizo en la clausura -prevista para el 23 de septiembre- y que
de todo ello no nos quedará otra cosa que un bello recuerdo, algo parecido a un
sueño (aunque dispongamos de catálogos, notas de prensa,…), porque son muchas
las sensaciones que se remueven in situ entre tanto arte, tanta creación y tanto
esfuerzo aunque no lo parezca, por acercarse en este caso al universo del
maestro barroco, buscar en el interior de cada uno qué es lo que le queda de lo
que ha visto o conoce de él.
Comisariada por ROCÍO MONSALVES, reúne
a 37 creadores de las más variopintas generaciones, técnicas, materiales y
estilos, que tienen la suerte de participar en este lujo que es el Arte -ahora
y siempre- comenzando por el que representa el sentido de la vista y que
concluye con las emociones que cada una de las obras puede depararnos.
Cada uno de estos artistas: -Paco
Pérez Valencia, Gloria Martín, Fernando Clemente, Cristina Mejías, Cristóbal
Quintero, Fuentesal et Arenillas, Arturo Comas, Ángela Mena, Efraím Ortega,
Virginia Bersabé, Manuel Magdaleno, Mª José Gallardo, Rafael Jiménez, Susana
Ibáñez, Jorge Hernández, Ismael Lagares, Manuel Zapata, Rafa Chinchilla, Alba
Cortés, Fernando Bayona, Eugenio Rivas, David López Panea, Mónica Torres,
Antonio Cazorla, Antonio Lara, Verania Rodríguez, Antonio Barahona, Armando
Rabadán, Rafael Laureano, Mento Muñoz, Rubén Fernández Castón, Mª Bejarano,
Miguel Angelit, Daniel Franca, Manuel León y Rocío Muñoz Valseca- ha hecho 2
ejercicios con respecto a la interpretación de las obras del maestro sevillano:
el de la mirada hacia el exterior, representando plásticamente las imágenes de
Murillo, y hacia el interior, reflexionando cada uno por escrito en una serie
de cuadernos distribuidos por las salas, qué es lo que significa su legado.
Cuadernos intervenidos por los autores de una misma sala y que en sí mismos son
obras de arte similares a las que se distribuyen por el suelo y las paredes.
Me gustaría centrarme -mejor que
en la descripción de estilos, los formatos, materiales, formas, … a los que han
recurrido cada uno de los autores- a lo que significan las ceremonias de la
inauguración y de la exposición: esos actos también de naturaleza efímera que
suponen tantas cosas preciosas de igual manera que puede hacerlo un concierto,
una buena obra de teatro, una película en una sala de cine: una fiesta del y
para el arte, un goce para los sentidos, una celebración de la amistad, un encuentro
fortuito entre un espectador y una obra. Esos momentos se comparten en lo que
viene a ser una ágora, una especie de foro que fluctúa entre los espacios que
parecen explayarse en el color o por el contrario tamizarse en una serie de
gamas sutiles que van superponiéndose en el recorrido, en la que tanto
contribuyen la iluminación, la disposición y altura de las obras.
Por otro lado las fotos, todas
las que se hicieron por familiares, artistas, colaboradores de la muestra,
profesionales y aficionados, dejarán también constancia de esos momentos
fugaces que se viven en un presente preciso que se prolongará en la medida de
nuestros recuerdos de ese acto -que permanecerá en cierto modo como ocurre con
la evocación de las obras de Murillo, tan lejano, tan cercano- ahora, en las
obras en las que cada uno se ha inspirado: las Inmaculadas, los santos, los
niños, los perros, los corderos que aparecen en los lienzos, los cacharros de
barro, los fondos de paisajes o los cielos azules de Sevilla, los fragmentos
aéreos de los mantos, los pliegues de las vestimentas, el recuerdo de los
sellos o estampas, el realismo o surrealismo de los detalles,…
La exposición tiene por título
“Mirando a Murillo” y ciertamente es así, porque no pretende la emulación o el
seguimiento de la tradición murillesca tan presente por otra parte en
destacadísimos autores de nuestra ciudad, como si ciertamente continuaran su
estela en el siglo XXI, porque estos, los que esta exposición ha reunido lo que
hacen es justo lo contrario: adaptar su estilo al del Maestro y no al revés: el
del Maestro a ellos.
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