domingo, 9 de diciembre de 2018

MIRANDO A MURILLO

Fecha: 30/06/2018

URL: http://elcorreoweb.es/mirando-a-murillo-DY4320702


Por unos pocos meses y varias veces al año, la Fundación Valentín de Madariaga se transforma en un Museo de Arte Contemporáneo, un Centro de Arte efímero que reúne a destacados artistas del panorama local, nacional e internacional. También dando acogida a los emergentes, aquellos quienes a través de los cursos que se organizan allí por reconocidos artistas, fotógrafos y creadores en general, van adquiriendo ese aura de prestigio que desde sus inicios la institución mantiene. 

A lo largo del curso (para centrarnos en el que termina), la que fuera sede del Pabellón de Estados Unidos en la E.I.A. de 1929 ha visto colgar y descolgar dentro de sus espacios, algunas exposiciones temporales -y como la actual monográfica- que pretende rendir -y lo consigue- un homenaje a Murillo desde la visión más contemporánea y desde las últimas tendencias al margen de los “otros” academicismos.

Todos los que asistimos a este tipo de encuentros con el arte, sabemos que todas las obras que ahora llenan las salas de pinturas, esculturas, fotografías, collages, instalaciones, videocreaciones, conceptualismos y las más diversas técnicas, desaparecerán de ahí como por hechizo en la clausura -prevista para el 23 de septiembre- y que de todo ello no nos quedará otra cosa que un bello recuerdo, algo parecido a un sueño (aunque dispongamos de catálogos, notas de prensa,…), porque son muchas las sensaciones que se remueven in situ entre tanto arte, tanta creación y tanto esfuerzo aunque no lo parezca, por acercarse en este caso al universo del maestro barroco, buscar en el interior de cada uno qué es lo que le queda de lo que ha visto o conoce de él.  

Comisariada por ROCÍO MONSALVES, reúne a 37 creadores de las más variopintas generaciones, técnicas, materiales y estilos, que tienen la suerte de participar en este lujo que es el Arte -ahora y siempre- comenzando por el que representa el sentido de la vista y que concluye con las emociones que cada una de las obras puede depararnos. 

Cada uno de estos artistas: -Paco Pérez Valencia, Gloria Martín, Fernando Clemente, Cristina Mejías, Cristóbal Quintero, Fuentesal et Arenillas, Arturo Comas, Ángela Mena, Efraím Ortega, Virginia Bersabé, Manuel Magdaleno, Mª José Gallardo, Rafael Jiménez, Susana Ibáñez, Jorge Hernández, Ismael Lagares, Manuel Zapata, Rafa Chinchilla, Alba Cortés, Fernando Bayona, Eugenio Rivas, David López Panea, Mónica Torres, Antonio Cazorla, Antonio Lara, Verania Rodríguez, Antonio Barahona, Armando Rabadán, Rafael Laureano, Mento Muñoz, Rubén Fernández Castón, Mª Bejarano, Miguel Angelit, Daniel Franca, Manuel León y Rocío Muñoz Valseca- ha hecho 2 ejercicios con respecto a la interpretación de las obras del maestro sevillano: el de la mirada hacia el exterior, representando plásticamente las imágenes de Murillo, y hacia el interior, reflexionando cada uno por escrito en una serie de cuadernos distribuidos por las salas, qué es lo que significa su legado. Cuadernos intervenidos por los autores de una misma sala y que en sí mismos son obras de arte similares a las que se distribuyen por el suelo y las paredes.

Me gustaría centrarme -mejor que en la descripción de estilos, los formatos, materiales, formas, … a los que han recurrido cada uno de los autores- a lo que significan las ceremonias de la inauguración y de la exposición: esos actos también de naturaleza efímera que suponen tantas cosas preciosas de igual manera que puede hacerlo un concierto, una buena obra de teatro, una película en una sala de cine: una fiesta del y para el arte, un goce para los sentidos, una celebración de la amistad, un encuentro fortuito entre un espectador y una obra. Esos momentos se comparten en lo que viene a ser una ágora, una especie de foro que fluctúa entre los espacios que parecen explayarse en el color o por el contrario tamizarse en una serie de gamas sutiles que van superponiéndose en el recorrido, en la que tanto contribuyen la iluminación, la disposición y altura de las obras.

Por otro lado las fotos, todas las que se hicieron por familiares, artistas, colaboradores de la muestra, profesionales y aficionados, dejarán también constancia de esos momentos fugaces que se viven en un presente preciso que se prolongará en la medida de nuestros recuerdos de ese acto -que permanecerá en cierto modo como ocurre con la evocación de las obras de Murillo, tan lejano, tan cercano- ahora, en las obras en las que cada uno se ha inspirado: las Inmaculadas, los santos, los niños, los perros, los corderos que aparecen en los lienzos, los cacharros de barro, los fondos de paisajes o los cielos azules de Sevilla, los fragmentos aéreos de los mantos, los pliegues de las vestimentas, el recuerdo de los sellos o estampas, el realismo o surrealismo de los detalles,… 

La exposición tiene por título “Mirando a Murillo” y ciertamente es así, porque no pretende la emulación o el seguimiento de la tradición murillesca tan presente por otra parte en destacadísimos autores de nuestra ciudad, como si ciertamente continuaran su estela en el siglo XXI, porque estos, los que esta exposición ha reunido lo que hacen es justo lo contrario: adaptar su estilo al del Maestro y no al revés: el del Maestro a ellos.

Por último, sólo decir que la muestra tiene un fin solidario ya que se subastarán las obras para la Asociación de Discapacitados Físicos y Psíquicos Torre del Rey, que ha sido organizada además de por la Fundación Valentín de Madariaga, por el Excmo. Ayuntamiento de Pilas (por la vinculación de la mujer de Murillo) y Roo Proyects, contando además con el servicio fotográfico de Pixum, la Caja Rural del Sur, la Fundación Cajasol y la Fundación Cruzcampo.

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