domingo, 27 de mayo de 2018

LEA LUBLIN





Fiel al discurso que viene desempeñando el CAAC de Sevilla, esta exposición pretende dar una paridad con respecto a la mayoría de artistas masculinos, visibilizando a las artistas mujeres, y mostrar por otra parte las creaciones de aquellas que no son tan conocidas al menos aquí. En este orden de cosas, le toca el turno por así decirlo ahora, a la creadora polaca-argentina-francesa LEA LUBLIN (Brest, Polonia 1929-París 1999).
Se trata de una retrospectiva post mortem, lo que en principio plantearía muchos interrogantes. Los primeros derivan de si su labor fue reconocida en vida como en verdad se mereció y se merece, o si lamentablemente formó parte de esa ingente cantidad de autores que en todos los tiempos, se han visto ocultados por personalidades digamos que más potentes, como es el caso de su “vecino” de sala en estos momentos: Jan Fabre (considerando la diferencia de edad, los medios con que contó cada uno y la publicitación/repercusión de las obras). En contraposición con él, con su histrionismo mediático que tanto cuestiona la cultura de su país y por extensión la europea e internacional, la tarea de LEA LUBLIN al centrarse en sí misma, en las reflexiones meramente plásticas, en el arte, los artistas, sus significados y las interpretaciones, parece silenciosa cuando en realidad tiene y debió tener una gran fuerza sobre todo por los temas que trata, destacando entre todos el de la mujer y todo lo que deriva de este hecho biológico, y por supuesto las lecturas psicoanalíticas y formales que hace de PERUGINO, MALEVICHT y DUCHAMP y de otra serie de asuntos como ahora veremos.
Hablando con su hijo y también fotógrafo NICOLÁS LUBLIN, me responde que tuvo toda la repercusión que ella quiso, que fue bastante, que podría haber sido mucho mayor y que evitó por las connotaciones que pudieran desvirtuar sus propósitos. Hablar de feminismo hoy, cuando tantos tabúes se han roto y que ella misma contribuyó a hacerlo, y hablar del Mayo francés a 50 años ya de esa experiencia, resulta hasta cierto punto fácil. Vivirlo en primera persona y de manera coetánea se necesitaba -como ella sin duda tuvo- grandes dosis de seguridad y energía.
Otro aspecto que plantea es hasta qué punto su bagaje vital ha podido ser clave en el desarrollo de su obra desde su  procedencia familiar judía obligada a exiliarse en 1931 ante el ascenso de los nazis, cuando contaba dos años de edad; sus años de formación en Buenos Aires e inicios en la pintura allí hasta mediados de los 60, en que una nueva fase se abre al instalarse en París y optar por nuevas formas de expresión que siguiendo al comisario de la muestra JUAN VICENTE ALIAGA, se desarrollarán en torno al vídeo, la fotografía y las performances. En este sentido no tenemos más remedio que concluir con que cada autor es hijo de su tiempo y no cabe duda que personajes como SARTRE, SIMONE DE BEAUVOIR, o como el CHÉ, FIDEL CASTRO o JOSÉ MARTÍ, iban a condicionar su manera de pensar y expresarse. No sólo estos, sino todos aquellos extraídos de la propia Historia del Arte que ella tenía de referentes, como fueron algunos autores del Renacimiento italiano, los postimpresionistas y primeros vanguardistas desde 1880 hasta 1973.
En las series plásticas dedicadas a la extrapolación de los Niños Jesús extraídas sobre todo del PERUGINO, o en la que lectura que hace de la JUDITH, de ARTEMISA GENTILESCHI, en los pasteles donde homenajea a MALEVICHT o en las interpretaciones que dio a las obras de DUCHAMP, hay mucho de subliminal, de psicoanálisis, de interpretaciones que afectan tanto a la autora como a la obra o a los espectadores y  por tanto abiertas a la subjetividad de cada uno.
Pero es en “la penetración de imágenes” (ese es su título) hecha con proyecciones de lienzos de autores vanguardistas en una cortina de plástico, cuando empieza a dar participación al público de manera que seamos parte de su obra, tanto sea esta efímera como permanente. Después de esto, seguirán acciones performativas de carácter político, feminista y reflexivas sobre el arte, las mujeres, los hitos geográficos puntuales,…de los que quedan recuerdos filmados y fotográficos de lo que hoy se entendería como activismo social.  
A simples rasgos resulta evidente que todo eso de lo que se ha hablado: el feminismo, el mayo francés, la historia del arte, los “mitos” políticos y las lecturas de tendencia lacaniana según sus propias palabras, están presentes en su obra. Obra que puede subdividirse en grandes apartados teniendo en cuenta como decía al principio el ser mujer y todo lo que comporta: la maternidad y la relación madre-hijo (a él le dedica en el 68 una acción en el Museo de Arte Moderno de la Villa de París), o la acción participativa en el 78 cuestionándose el papel de la mujer como santa o puta, o asuntos tan peliagudos como pueden ser la violación y el parto  de su JUDITH, o incluso las interpretaciones inhibitorias y sexualizadas de pintores renacentistas,  sus “encuentros”, concomitancias y casualidades con DUCHAMP en diferentes momentos y formatos (como el que este encontrara inspiración para su “Fresh Widow” en los meses que pasó en Buenos Aires), en la publicidad del refresco de lima y su consecuente transformismo en Rrose Selavy a partir de su icono femenino que incluye en serigrafías tratadas por ordenador en cajas de luces, para la colonia “La bella Helena”, y más que nada en “La Gioconda de los limpiaparabrisas”, un homenaje simbólico a uno de sus ¿fetiches? Confesables.
Pero LEA LUBLIN, la aparentemente y para nada modesta o discreta LEA LUBLIN por la fragilidad que escogió para sus soportes y por el carácter de estos, fue una artista interdisciplinar e internacional en sus días, y desde ese y desde otros muchos puntos de vista hay que considerarla entre las pioneras, reivindicar su aperturismo temático, técnico y estilístico ya que se sirvió de espejos, neones, cajas con objetos, luces, motores, happenings, textos: una escenografía que recoge como en una de sus obras, todo lo que leyó, oyó, estudió, vió y le influenció, desde SAUSSURE, CHOMSKY, la Escuela de Frankfurt, la Primavera de Praga, etc., etc. En un viaje de ida y vuelta de Argentina a París y de ahí al mundo y al hoy donde se le sitúa ya con mayúsculas en el mundo del arte, gracias a la voluntad de NICOLÁS y de todos los que hacen posible conocerla tan de cerca como podemos hacer ahora. Entrar en ella, en su mundo, sus preguntas y respuestas. En las nuestras.
Fiel al discurso que viene desempeñando el CAAC de Sevilla, esta exposición pretende dar una paridad con respecto a la mayoría de artistas masculinos, visibilizando a las artistas mujeres, y mostrar por otra parte las creaciones de aquellas que no son tan conocidas al menos aquí. En este orden de cosas, le toca el turno por así decirlo ahora, a la creadora polaca-argentina-francesa LEA LUBLIN (Brest, Polonia 1929-París 1999).
Se trata de una retrospectiva post mortem, lo que en principio plantearía muchos interrogantes. Los primeros derivan de si su labor fue reconocida en vida como en verdad se mereció y se merece, o si lamentablemente formó parte de esa ingente cantidad de autores que en todos los tiempos, se han visto ocultados por personalidades digamos que más potentes, como es el caso de su “vecino” de sala en estos momentos: Jan Fabre (considerando la diferencia de edad, los medios con que contó cada uno y la publicitación/repercusión de las obras). En contraposición con él, con su histrionismo mediático que tanto cuestiona la cultura de su país y por extensión la europea e internacional, la tarea de LEA LUBLIN al centrarse en sí misma, en las reflexiones meramente plásticas, en el arte, los artistas, sus significados y las interpretaciones, parece silenciosa cuando en realidad tiene y debió tener una gran fuerza sobre todo por los temas que trata, destacando entre todos el de la mujer y todo lo que deriva de este hecho biológico, y por supuesto las lecturas psicoanalíticas y formales que hace de PERUGINO, MALEVICHT y DUCHAMP y de otra serie de asuntos como ahora veremos.
Hablando con su hijo y también fotógrafo NICOLÁS LUBLIN, me responde que tuvo toda la repercusión que ella quiso, que fue bastante, que podría haber sido mucho mayor y que evitó por las connotaciones que pudieran desvirtuar sus propósitos. Hablar de feminismo hoy, cuando tantos tabúes se han roto y que ella misma contribuyó a hacerlo, y hablar del Mayo francés a 50 años ya de esa experiencia, resulta hasta cierto punto fácil. Vivirlo en primera persona y de manera coetánea se necesitaba -como ella sin duda tuvo- grandes dosis de seguridad y energía.
Otro aspecto que plantea es hasta qué punto su bagaje vital ha podido ser clave en el desarrollo de su obra desde su  procedencia familiar judía obligada a exiliarse en 1931 ante el ascenso de los nazis, cuando contaba dos años de edad; sus años de formación en Buenos Aires e inicios en la pintura allí hasta mediados de los 60, en que una nueva fase se abre al instalarse en París y optar por nuevas formas de expresión que siguiendo al comisario de la muestra JUAN VICENTE ALIAGA, se desarrollarán en torno al vídeo, la fotografía y las performances. En este sentido no tenemos más remedio que concluir con que cada autor es hijo de su tiempo y no cabe duda que personajes como SARTRE, SIMONE DE BEAUVOIR, o como el CHÉ, FIDEL CASTRO o JOSÉ MARTÍ, iban a condicionar su manera de pensar y expresarse. No sólo estos, sino todos aquellos extraídos de la propia Historia del Arte que ella tenía de referentes, como fueron algunos autores del Renacimiento italiano, los postimpresionistas y primeros vanguardistas desde 1880 hasta 1973.
En las series plásticas dedicadas a la extrapolación de los Niños Jesús extraídas sobre todo del PERUGINO, o en la que lectura que hace de la JUDITH, de ARTEMISA GENTILESCHI, en los pasteles donde homenajea a MALEVICHT o en las interpretaciones que dio a las obras de DUCHAMP, hay mucho de subliminal, de psicoanálisis, de interpretaciones que afectan tanto a la autora como a la obra o a los espectadores y  por tanto abiertas a la subjetividad de cada uno.
Pero es en “la penetración de imágenes” (ese es su título) hecha con proyecciones de lienzos de autores vanguardistas en una cortina de plástico, cuando empieza a dar participación al público de manera que seamos parte de su obra, tanto sea esta efímera como permanente. Después de esto, seguirán acciones performativas de carácter político, feminista y reflexivas sobre el arte, las mujeres, los hitos geográficos puntuales,…de los que quedan recuerdos filmados y fotográficos de lo que hoy se entendería como activismo social.  
A simples rasgos resulta evidente que todo eso de lo que se ha hablado: el feminismo, el mayo francés, la historia del arte, los “mitos” políticos y las lecturas de tendencia lacaniana según sus propias palabras, están presentes en su obra. Obra que puede subdividirse en grandes apartados teniendo en cuenta como decía al principio el ser mujer y todo lo que comporta: la maternidad y la relación madre-hijo (a él le dedica en el 68 una acción en el Museo de Arte Moderno de la Villa de París), o la acción participativa en el 78 cuestionándose el papel de la mujer como santa o puta, o asuntos tan peliagudos como pueden ser la violación y el parto  de su JUDITH, o incluso las interpretaciones inhibitorias y sexualizadas de pintores renacentistas,  sus “encuentros”, concomitancias y casualidades con DUCHAMP en diferentes momentos y formatos (como el que este encontrara inspiración para su “Fresh Widow” en los meses que pasó en Buenos Aires), en la publicidad del refresco de lima y su consecuente transformismo en Rrose Selavy a partir de su icono femenino que incluye en serigrafías tratadas por ordenador en cajas de luces, para la colonia “La bella Helena”, y más que nada en “La Gioconda de los limpiaparabrisas”, un homenaje simbólico a uno de sus ¿fetiches? Confesables.
Pero LEA LUBLIN, la aparentemente y para nada modesta o discreta LEA LUBLIN por la fragilidad que escogió para sus soportes y por el carácter de estos, fue una artista interdisciplinar e internacional en sus días, y desde ese y desde otros muchos puntos de vista hay que considerarla entre las pioneras, reivindicar su aperturismo temático, técnico y estilístico ya que se sirvió de espejos, neones, cajas con objetos, luces, motores, happenings, textos: una escenografía que recoge como en una de sus obras, todo lo que leyó, oyó, estudió, vió y le influenció, desde SAUSSURE, CHOMSKY, la Escuela de Frankfurt, la Primavera de Praga, etc., etc. En un viaje de ida y vuelta de Argentina a París y de ahí al mundo y al hoy donde se le sitúa ya con mayúsculas en el mundo del arte, gracias a la voluntad de NICOLÁS y de todos los que hacen posible conocerla tan de cerca como podemos hacer ahora. Entrar en ella, en su mundo, sus preguntas y respuestas. En las nuestras.
Fiel al discurso que viene desempeñando el CAAC de Sevilla, esta exposición pretende dar una paridad con respecto a la mayoría de artistas masculinos, visibilizando a las artistas mujeres, y mostrar por otra parte las creaciones de aquellas que no son tan conocidas al menos aquí. En este orden de cosas, le toca el turno por así decirlo ahora, a la creadora polaca-argentina-francesa LEA LUBLIN (Brest, Polonia 1929-París 1999).
Se trata de una retrospectiva post mortem, lo que en principio plantearía muchos interrogantes. Los primeros derivan de si su labor fue reconocida en vida como en verdad se mereció y se merece, o si lamentablemente formó parte de esa ingente cantidad de autores que en todos los tiempos, se han visto ocultados por personalidades digamos que más potentes, como es el caso de su “vecino” de sala en estos momentos: Jan Fabre (considerando la diferencia de edad, los medios con que contó cada uno y la publicitación/repercusión de las obras). En contraposición con él, con su histrionismo mediático que tanto cuestiona la cultura de su país y por extensión la europea e internacional, la tarea de LEA LUBLIN al centrarse en sí misma, en las reflexiones meramente plásticas, en el arte, los artistas, sus significados y las interpretaciones, parece silenciosa cuando en realidad tiene y debió tener una gran fuerza sobre todo por los temas que trata, destacando entre todos el de la mujer y todo lo que deriva de este hecho biológico, y por supuesto las lecturas psicoanalíticas y formales que hace de PERUGINO, MALEVICHT y DUCHAMP y de otra serie de asuntos como ahora veremos.
Hablando con su hijo y también fotógrafo NICOLÁS LUBLIN, me responde que tuvo toda la repercusión que ella quiso, que fue bastante, que podría haber sido mucho mayor y que evitó por las connotaciones que pudieran desvirtuar sus propósitos. Hablar de feminismo hoy, cuando tantos tabúes se han roto y que ella misma contribuyó a hacerlo, y hablar del Mayo francés a 50 años ya de esa experiencia, resulta hasta cierto punto fácil. Vivirlo en primera persona y de manera coetánea se necesitaba -como ella sin duda tuvo- grandes dosis de seguridad y energía.
Otro aspecto que plantea es hasta qué punto su bagaje vital ha podido ser clave en el desarrollo de su obra desde su  procedencia familiar judía obligada a exiliarse en 1931 ante el ascenso de los nazis, cuando contaba dos años de edad; sus años de formación en Buenos Aires e inicios en la pintura allí hasta mediados de los 60, en que una nueva fase se abre al instalarse en París y optar por nuevas formas de expresión que siguiendo al comisario de la muestra JUAN VICENTE ALIAGA, se desarrollarán en torno al vídeo, la fotografía y las performances. En este sentido no tenemos más remedio que concluir con que cada autor es hijo de su tiempo y no cabe duda que personajes como SARTRE, SIMONE DE BEAUVOIR, o como el CHÉ, FIDEL CASTRO o JOSÉ MARTÍ, iban a condicionar su manera de pensar y expresarse. No sólo estos, sino todos aquellos extraídos de la propia Historia del Arte que ella tenía de referentes, como fueron algunos autores del Renacimiento italiano, los postimpresionistas y primeros vanguardistas desde 1880 hasta 1973.
En las series plásticas dedicadas a la extrapolación de los Niños Jesús extraídas sobre todo del PERUGINO, o en la que lectura que hace de la JUDITH, de ARTEMISA GENTILESCHI, en los pasteles donde homenajea a MALEVICHT o en las interpretaciones que dio a las obras de DUCHAMP, hay mucho de subliminal, de psicoanálisis, de interpretaciones que afectan tanto a la autora como a la obra o a los espectadores y  por tanto abiertas a la subjetividad de cada uno.
Pero es en “la penetración de imágenes” (ese es su título) hecha con proyecciones de lienzos de autores vanguardistas en una cortina de plástico, cuando empieza a dar participación al público de manera que seamos parte de su obra, tanto sea esta efímera como permanente. Después de esto, seguirán acciones performativas de carácter político, feminista y reflexivas sobre el arte, las mujeres, los hitos geográficos puntuales,…de los que quedan recuerdos filmados y fotográficos de lo que hoy se entendería como activismo social.  
A simples rasgos resulta evidente que todo eso de lo que se ha hablado: el feminismo, el mayo francés, la historia del arte, los “mitos” políticos y las lecturas de tendencia lacaniana según sus propias palabras, están presentes en su obra. Obra que puede subdividirse en grandes apartados teniendo en cuenta como decía al principio el ser mujer y todo lo que comporta: la maternidad y la relación madre-hijo (a él le dedica en el 68 una acción en el Museo de Arte Moderno de la Villa de París), o la acción participativa en el 78 cuestionándose el papel de la mujer como santa o puta, o asuntos tan peliagudos como pueden ser la violación y el parto  de su JUDITH, o incluso las interpretaciones inhibitorias y sexualizadas de pintores renacentistas,  sus “encuentros”, concomitancias y casualidades con DUCHAMP en diferentes momentos y formatos (como el que este encontrara inspiración para su “Fresh Widow” en los meses que pasó en Buenos Aires), en la publicidad del refresco de lima y su consecuente transformismo en Rrose Selavy a partir de su icono femenino que incluye en serigrafías tratadas por ordenador en cajas de luces, para la colonia “La bella Helena”, y más que nada en “La Gioconda de los limpiaparabrisas”, un homenaje simbólico a uno de sus ¿fetiches? Confesables.
Pero LEA LUBLIN, la aparentemente y para nada modesta o discreta LEA LUBLIN por la fragilidad que escogió para sus soportes y por el carácter de estos, fue una artista interdisciplinar e internacional en sus días, y desde ese y desde otros muchos puntos de vista hay que considerarla entre las pioneras, reivindicar su aperturismo temático, técnico y estilístico ya que se sirvió de espejos, neones, cajas con objetos, luces, motores, happenings, textos: una escenografía que recoge como en una de sus obras, todo lo que leyó, oyó, estudió, vió y le influenció, desde SAUSSURE, CHOMSKY, la Escuela de Frankfurt, la Primavera de Praga, etc., etc. En un viaje de ida y vuelta de Argentina a París y de ahí al mundo y al hoy donde se le sitúa ya con mayúsculas en el mundo del arte, gracias a la voluntad de NICOLÁS y de todos los que hacen posible conocerla tan de cerca como podemos hacer ahora. Entrar en ella, en su mundo, sus preguntas y respuestas. En las nuestras.
Fiel al discurso que viene desempeñando el CAAC de Sevilla, esta exposición pretende dar una paridad con respecto a la mayoría de artistas masculinos, visibilizando a las artistas mujeres, y mostrar por otra parte las creaciones de aquellas que no son tan conocidas al menos aquí. En este orden de cosas, le toca el turno por así decirlo ahora, a la creadora polaca-argentina-francesa LEA LUBLIN (Brest, Polonia 1929-París 1999).
Se trata de una retrospectiva post mortem, lo que en principio plantearía muchos interrogantes. Los primeros derivan de si su labor fue reconocida en vida como en verdad se mereció y se merece, o si lamentablemente formó parte de esa ingente cantidad de autores que en todos los tiempos, se han visto ocultados por personalidades digamos que más potentes, como es el caso de su “vecino” de sala en estos momentos: Jan Fabre (considerando la diferencia de edad, los medios con que contó cada uno y la publicitación/repercusión de las obras). En contraposición con él, con su histrionismo mediático que tanto cuestiona la cultura de su país y por extensión la europea e internacional, la tarea de LEA LUBLIN al centrarse en sí misma, en las reflexiones meramente plásticas, en el arte, los artistas, sus significados y las interpretaciones, parece silenciosa cuando en realidad tiene y debió tener una gran fuerza sobre todo por los temas que trata, destacando entre todos el de la mujer y todo lo que deriva de este hecho biológico, y por supuesto las lecturas psicoanalíticas y formales que hace de PERUGINO, MALEVICHT y DUCHAMP y de otra serie de asuntos como ahora veremos.
Hablando con su hijo y también fotógrafo NICOLÁS LUBLIN, me responde que tuvo toda la repercusión que ella quiso, que fue bastante, que podría haber sido mucho mayor y que evitó por las connotaciones que pudieran desvirtuar sus propósitos. Hablar de feminismo hoy, cuando tantos tabúes se han roto y que ella misma contribuyó a hacerlo, y hablar del Mayo francés a 50 años ya de esa experiencia, resulta hasta cierto punto fácil. Vivirlo en primera persona y de manera coetánea se necesitaba -como ella sin duda tuvo- grandes dosis de seguridad y energía.
Otro aspecto que plantea es hasta qué punto su bagaje vital ha podido ser clave en el desarrollo de su obra desde su  procedencia familiar judía obligada a exiliarse en 1931 ante el ascenso de los nazis, cuando contaba dos años de edad; sus años de formación en Buenos Aires e inicios en la pintura allí hasta mediados de los 60, en que una nueva fase se abre al instalarse en París y optar por nuevas formas de expresión que siguiendo al comisario de la muestra JUAN VICENTE ALIAGA, se desarrollarán en torno al vídeo, la fotografía y las performances. En este sentido no tenemos más remedio que concluir con que cada autor es hijo de su tiempo y no cabe duda que personajes como SARTRE, SIMONE DE BEAUVOIR, o como el CHÉ, FIDEL CASTRO o JOSÉ MARTÍ, iban a condicionar su manera de pensar y expresarse. No sólo estos, sino todos aquellos extraídos de la propia Historia del Arte que ella tenía de referentes, como fueron algunos autores del Renacimiento italiano, los postimpresionistas y primeros vanguardistas desde 1880 hasta 1973.
En las series plásticas dedicadas a la extrapolación de los Niños Jesús extraídas sobre todo del PERUGINO, o en la que lectura que hace de la JUDITH, de ARTEMISA GENTILESCHI, en los pasteles donde homenajea a MALEVICHT o en las interpretaciones que dio a las obras de DUCHAMP, hay mucho de subliminal, de psicoanálisis, de interpretaciones que afectan tanto a la autora como a la obra o a los espectadores y  por tanto abiertas a la subjetividad de cada uno.
Pero es en “la penetración de imágenes” (ese es su título) hecha con proyecciones de lienzos de autores vanguardistas en una cortina de plástico, cuando empieza a dar participación al público de manera que seamos parte de su obra, tanto sea esta efímera como permanente. Después de esto, seguirán acciones performativas de carácter político, feminista y reflexivas sobre el arte, las mujeres, los hitos geográficos puntuales,…de los que quedan recuerdos filmados y fotográficos de lo que hoy se entendería como activismo social.  
A simples rasgos resulta evidente que todo eso de lo que se ha hablado: el feminismo, el mayo francés, la historia del arte, los “mitos” políticos y las lecturas de tendencia lacaniana según sus propias palabras, están presentes en su obra. Obra que puede subdividirse en grandes apartados teniendo en cuenta como decía al principio el ser mujer y todo lo que comporta: la maternidad y la relación madre-hijo (a él le dedica en el 68 una acción en el Museo de Arte Moderno de la Villa de París), o la acción participativa en el 78 cuestionándose el papel de la mujer como santa o puta, o asuntos tan peliagudos como pueden ser la violación y el parto  de su JUDITH, o incluso las interpretaciones inhibitorias y sexualizadas de pintores renacentistas,  sus “encuentros”, concomitancias y casualidades con DUCHAMP en diferentes momentos y formatos (como el que este encontrara inspiración para su “Fresh Widow” en los meses que pasó en Buenos Aires), en la publicidad del refresco de lima y su consecuente transformismo en Rrose Selavy a partir de su icono femenino que incluye en serigrafías tratadas por ordenador en cajas de luces, para la colonia “La bella Helena”, y más que nada en “La Gioconda de los limpiaparabrisas”, un homenaje simbólico a uno de sus ¿fetiches? Confesables.
Pero LEA LUBLIN, la aparentemente y para nada modesta o discreta LEA LUBLIN por la fragilidad que escogió para sus soportes y por el carácter de estos, fue una artista interdisciplinar e internacional en sus días, y desde ese y desde otros muchos puntos de vista hay que considerarla entre las pioneras, reivindicar su aperturismo temático, técnico y estilístico ya que se sirvió de espejos, neones, cajas con objetos, luces, motores, happenings, textos: una escenografía que recoge como en una de sus obras, todo lo que leyó, oyó, estudió, vió y le influenció, desde SAUSSURE, CHOMSKY, la Escuela de Frankfurt, la Primavera de Praga, etc., etc. En un viaje de ida y vuelta de Argentina a París y de ahí al mundo y al hoy donde se le sitúa ya con mayúsculas en el mundo del arte, gracias a la voluntad de NICOLÁS y de todos los que hacen posible conocerla tan de cerca como podemos hacer ahora. Entrar en ella, en su mundo, sus preguntas y respuestas. En las nuestras.

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