lunes, 18 de abril de 2022

REGRESO AL BLOG DE FUÁ


Hola a tod@s: Gracias a la paciencia de mi amiga ARA comienzo de nuevo hoy una nueva aventura "editorial".  

Mi ultimo articulo

domingo, 9 de diciembre de 2018

PACO PÉREZ VALENCIA: TÍTULOS, SUBTÍTULOS, METÁFORAS, TRAZOS Y SIMBOLISMOS.

Fecha: 26/11/2018

URL: http://elcorreoweb.es/opinion/columnas/paco-perez-valencia-titulos-subtitulos-metaforas-trazos-y-simbolismos-CB4672646


Pero una exposición como la de PACO PÉREZ VALENCA, que no deja a nadie indiferente, tiene muchas más lecturas comenzando por los extraordinarios títulos y las frases que introduce en cada obra y por las técnicas que ha usado para intensificar el mensaje. El artista -parece indicarnos- es un naúfrago que intenta llegar a la costa siempre, que utiliza al arte como una vía mediática entre él y el todo, alguien que no puede permanecer -pese al autismo al que se somete a la hora de crear- al margen de la situación del mundo que le rodea, sino implicarse, usar el arte como denuncia y protesta para él no sólo en el sentido político, sino humano. 

Insistiendo en el hecho de que esta exposición es un acto de libertad y sobre todo valentía, merecería considerar simplemente los títulos con los que ha designado a cada obra, los cuales, pondrán sobre aviso a los que la vean y a los que no, de hacia dónde han ido sus derroteros. El hombre mundano, el gentelman que irradia una sonrisa y mirada magnéticas, que se explaya en la oratoria en auditorios internacionales en los que también ha aprendido todo eso que no es la pintura, pero que necesita a la hora de expresarse, debe ahora regresar a sus cuarteles de invierno, cerrarse en sí para devolver cómo él mismo dice, todo cuánto ha recibido. En este sentido, esta exposición supone un acto de generosidad y de gratitud, compartir públicamente lo que ha recibido de ellos y lo que ha hecho en privado. 

Para hacer esto, PPV ha debido hacer un viaje a la inversa en el camino del arte: partir de lo que sabe de pintura hasta lo que quiere olvidar para después reconstruirla. Creación, deconstrucción y reconstrucción en igual medida que en sus inicios hacía. En ese tránsito, él mismo se ha ido formando como persona uniéndose a la Humanidad (con mayúsculas), con la que se identifica. 

Pintar y todo artista lo sabe, significa partir de una selva o de un desierto, atravesarlos, recorrerlos a ciegas, quitar y/o poner, en cualquier caso realizar un ejercicio de introspección que sea capaz de extraer algo que aunque involuntariamente sirva al mundo, y nos consuele, reconcilie con esa sociedad agitada y nosotros mismos, con el gozo que supone vivir y crear, si quiera fuese a través del dolor que compartimos, la angustia, el “elam vital” que parece que ha dejado de existir fuera del marco de la filosofía. Es por esto por lo que esta exposición de PPV, pertenece de lleno a esa corriente que tiene en cada individuo, el peso -para nada leve- del ser, y en consecuencia, la encuadraría en el existencialismo puro.

Con independencia de las series que incluyen las 18 obras de “El hombre más solo”, el gran mural de 27 Dibujos Salvajes (individuales/unidos), las piezas sueltas “Capaz de Cualquier cosa”, “Pasolini” o “La Gran Ola”, bastará mencionar sus títulos para saber hasta dónde se ha sumergido en sí mismo, en la pintura, en nosotros y en todo, como son: “Como el silencio de un poeta que ya no escribe”, “Hacer un libro secreto en el que no aclare nunca la niebla”, “Y después llega el olvido”, “Roto”, “Va a ser duro mi final”, “Fugaz, Fugitivo, Perdido”, “Dejar de existir por ti”, “Sólo la lluvia”, “Arena negra”, “Mírame siempre así”, “Si esto es un hombre”, “Como un Dios”, “Hombre de dos patrias”, “S. Francisco Molina”, “El alma de todas las cosas”, “(Si, amigo mío), Al menos nos queda la soberbia”, “… El Mundo Fascinante”, “Con un poco de esta soledad me basta”, “Mi mundo”, “Otra vez perdido”, “¡Soy un cretino!”, “¿De verdad puede el arte cambiar el mundo?”, “Todas mis estrellas”, “La Nada”, “Así empezó todo /(y así acabará todo. En la nada)”, “En mis miedos mando yo”, “Las dos cabezas”, “Haré un mundo nuevo como un Dios”, “Un artista nunca se rinde”, “Aceptaré todo lo que venga” y “Haz que todo merezca la pena”.

Obras que merecen mayor comentario porque como dije no son sólo sus títulos, sino las imágenes (collages), trazos y textos que inserta y que debo referir para comprender la exposición y su proceso, la evolución del artista que se ha ido (trans)formando en ella, pues se nota lo que se ha dicho a sí mismo y quiere compartir en un grito solidario ante el dolor humano. Rótulos que sitúa arriba, abajo, centro o toda la obra, hechos con dripping, transferibles o intencionadamente con regular caligrafía en mayúsculas: “Un individuo que haga algo proponiéndose cambiar el mundo (soy un cretino)”, “¿Por qué persisto si nadie me espera? Con un poco de esta soledad me basta”, “El alma”, “mira lo que ocurre detrás”, “las sombras viven eternamente”, “sueño de mí mismo”, “Soy un volcán que habita llamas”, “Aceptaré todo lo que venga. Pero no renunciaré a la lucha. Sea como sea no habrá rendición”, “¿De verdad el arte puede cambiar el mundo?”, “Dejar de existir por ti”, “¡Otra vez perdido!”, “Autor aún cautivo por la vida busca un poco más de tiempo”, “Un rostro negro que me está mirando en silencio, en sombras, invencible, en estado puro”, “Estoy pensando que sólo por ti este mundo es fascinante y no quiero morir todavía. A tus pies, mi princesa. Sólo por ti. Un mundo fascinante”, “Fugaz. Fugitivo. Perdido”, “Me sentía como un Dios. Hombre de dos patrias”, “Un rostro negro que me está mirando en silencio. En silencio. En sombras. Invencible. En estado puro”, “Moriré por ti. A pesar de todo soy dueño del mundo y amo todo esto” y “Aquí estoy, mi negra, esperándote, sin esperanza, sin temor”.

La niebla, la lluvia, la ola, los rostros oscuros y la arena negra, son parte de esa mística que se encierra en la misma “Noche Oscura del Alma” de s. Juan de la Cruz y por tanto vía ascética, poesía pictórica, a la vez que representación de los nocturnos magnánimos de Sanlúcar, y por supuesto, parte de esa indagación a la que se sometió mientras los hizo. La negra que le espera puede que se refiera -igual que la Gran Ola- que todo lo traga, al tránsito de la muerte para el que se prepara aceptando la doble responsabilidad de hombre y artista.  

Títulos, subtítulos, entretítulos, como cartelas de advertencia que escenifican la crisis del mundo, su irracionalidad, lo absurdo; manifiestos que son frases lapidarias como pancartas en las protestas urbanas o letreros de outsiders que nos asaltan por las calles: un revulsivo contra la desigualdad, un alegato a favor de la equidad. 

La representación de todo esto pone de manifiesto por otra parte el hecho -no por sabido, suficientemente recordado- de que para que se produzca una exposición, ha debido pasar el autor por una serie de temores basados en su incertidumbre creativa y en la aceptación de sus obras, máxime cuando como Juan Ramón, se ha desnudado de todo artificio. Se olvida también, que cada exposición es un nacimiento y que para ello se ha debido morir, renacer, quitarse capas hasta llegar a la esencia. Nos encontramos pues ante un autor “esencialista” que se ha servido de trazos y de la reiteración de siluetas de cabezas de donde emergen rostros desdibujados, que suponen una abstracción de la forma, que aparecen en una soledad como tallada y rotunda, o bien se acompañan de collages, recortes de prensa, spray sintético, tinta líquida, tiza, cera, lápices grasos, óleos y pasteles sobre papel hecho a mano o lino sin imprimación (con la excepción del Fabriano del Mapa Emocional). Recortes de prensa con sus pies de fotos, que junto a las frases que introduce y los títulos, nos dan la visión en 360º de lo que quiere que sintamos: complicidad o mirar como si nada ajeno nos afectara. 

Pero el artista no tiene porqué ser obligatoriamente un revolucionario, en cualquier caso, promover como él hace una Revolución Pacífica desde, con y para el arte, ser un testigo de un modo de hacer y por extrapolación a cierto punto, de su época. Muchísimas más cosas podrían decirse de esta exposición en el que le hemos visto desde sus primeras dudas a la fortaleza de las últimas, pero debo de concluir y me agradaría hacerlo diciéndole que lo que hacemos, no es otra cosa que una lucha imposible contra el tiempo y el olvido.

Nadie sabe si a partir de ahora PPV va a seguir por esta vía de síntesis minimalista de formas, maximalista de significados, o decantarse por lo que ha hecho últimamente en el espacio, ocupando paredes, techos y suelos. Antes de despedirme, quiero dar también las gracias a los miembros de la Caja China, a su director y también pintor Pepe Barragán y Mercedes Sánchez-Lanuza por las facilidades que me han dado y porque la exposición es difícil también para ellos, a no ser efectivamente que vayan los del MOMA o los del CAAC sin ir más lejos.

PACO PÉREZ VALENCIA: EL MOMA ESPERA AL HOMBRE MÁS SÓLO EN LA CAJA CHINA

Fecha: 25/11/2018

URL:  http://elcorreoweb.es/opinion/columnas/paco-perez-valencia-el-moma-espera-al-hombre-mas-solo-en-la-caja-china-GX4671967


He escogido esta “parafrase” que Miguel Ángel Robles le dedica a PACO PÉREZ VALENCIA, porque comparto lo que dice en el extraordinario texto que le dedica en su blog, en relación a un comentario en una conversación con él y porque me parece una de las claves que mueven la pintura y en general todo lo que hace este dinamizador del arte que es el ya consolidado artista sanluqueño-sevillano.  

Que se vaya preparando pues Mr. Glenn D. Lowrry y todos los directivos y asesores del MOMA porque está claro que más pronto que tarde las obras de PPV (a partir de ahora) aterrizarán por allí, fuesen las últimas que haya hecho o cualquiera que pusiese de manifiesto todo lo que ha podido ir siendo como como pintor y significando como persona, desde que comenzó en la vida pública como museógrafo y como autor después, sin descartar sus otras facetas de profesor universitario, pedagogo, promotor, divulgador, comunicador, mecenas en cuanto a organizador de eventos relacionados con el arte y la solidaridad, con sus alumnos, con las instituciones en las que ha colaborado o colabora, “telepredicador”(vídeos por internet), articulista, conferenciante, speacker, misionero del arte,… ya que para él esto es como una fe, algo demasiado profundo que hay que compartir para un goce que no sólo es de los sentidos, sino mental, intelectual, espiritual, que parta y llegue a las emociones y a los afectos, pues es así como  entiendo que funciona Paco además de destacar como sabemos todos lo que hemos tenido la suerte de tratarlo, sus muchas otras cualidades humanas.

Si yo dijera que es un apóstol de esta manera de cambiar el mundo a través del arte, él lo consideraría un elogio excesivo para su altruismo crónico, pero esto es lo que hace y en lo que cree, porque para él y todos los que estamos en esta escuela de la alegría compartida que es el arte, si este fuera capaz de cambiar la manera de entender las cosas o sólo una persona, se produciría una sinergia en gran parte de una sociedad cada vez más carente de valores que no sean los de intrascendentes o materialistas. Por esto, siguiendo con lo que entiendo que es su persona o su pintura -que son indivisibles- valoro ese algo que tiene que ver con esas otras cuestiones inmateriales, el pensamiento, las creencias, lo que no se ve y será lo que nos defina, y constituya su legado. 

Paco Pérez Valencia crea desde el placer de vivir, de la gratitud por todo lo recibido, y por eso cada exposición es un acto de amor, de esa belleza interior que quiere compartir en la parte sensible de nuestro ser y que tanto pudor da el mostrarla porque podría poner de manifiesto una cierta vulnerabilidad no bien comprendida, porque lo que significa es todo lo contrario. Él no lo teme porque ha llegado -a cada paso que da en este camino de soledad y creación- a la esencia, que es ausencia de lo superfluo. La Exposición, lleva por título “El hombre más sólo” y ciertamente así es cuando se enfrenta a un lienzo, un papel en blanco, una pantalla, cualquier material que quiere convertir en forma, gestos, gritos, susurros, silencios, en todo aquello que nos llegue al corazón, al espíritu, y nos traspase.    

Sí, Paco, viendo esta exposición, también yo quiero ponerme a la cola del MOMA porque esa es la ilusión de cada día, la esperanza de afrontarlo desde la responsabilidad y el humanismo, desde la suerte de residir en la vida misma. Para ello, debo ponerme también a la cola de la Caja China, la galería donde estará abierta su expo hasta el 15 de diciembre. 

*****“EL HOMBRE MÁS SÓLO”      
         
El Hombre más sólo -título que ha elegido PACO PÉREZ VALENCIA para su nueva exposición en La Caja China- no significa una renuncia al mundo ni a sus vagas ilusiones, sino un aislamiento voluntario que ha necesitado para ser él mismo y para trasladar a la obra todo eso otro que se deja atrás al cerrar la puerta del estudio. Alejarnos del ruido de la calle, las cuestiones de índole política, económicas, en definitiva de los otros (aunque también nos condicione), para situarnos frente a frente ante el espejo del lienzo y la representación.

Desde el punto de vista artístico, para PPV esta exposición significa un regreso a la pintura, al ruedo, después de haber ido y vuelto muchas veces desde tantos caminos en “el mundo” del arte. Con ella, una vuelta a la figuración y al expresionismo, movimiento al que siempre se ha  acercado pero desde la abstracción.

Para llegar a esta síntesis, ha debido dejar atrás algunas de las clases que daba en Barcelona dentro del contexto de la Universidad Emocional, ese maravilloso invento suyo que afortunadamente todavía continúa y en el que todos hubiésemos debido inscribirnos -o seguir sus enseñanzas diferidas- esas que andan posándose en cualquier receptor lo suficientemente perceptivo para darse cuenta de que el arte es emoción o como la belleza convulsa de Bretón, no existirá jamás.

“El hombre más” sólo tiene dos lecturas: la que tiene que ver con la no integración circunstancial de cualquier ser vivo en una sociedad determinada, y la que necesita la soledad como elección aunque para ello deba renunciar a situaciones devenidas precisamente de la sociedad, que distraen de ese interior que se quiere volcar. Esta es la que ha elegido PPV como una devolución de todo lo recibido a través de su familia, colegio, facultad de Bellas Artes, ambientes profesionales, etc. Ocurre que este hombre tiene muchísimos amigos, una familia maravillosa ascendente y descendente, unos trabajos que le han satisfecho inmensamente, …Ahora bien, a todos debe abandonar si pretende como ahora, mostrarnos el fruto de ese tiempo que nos ha privado de su presencia para convertirse en un monje que a partir del arte va a verificar la transformación del pensamiento en materia, vaciarse, volcarse, darse por entero. Y he aquí el resultado.

A rasgos generales, la exposición aunque unitaria, es susceptible de dividirse en 4 partes en lo que respecta a las ideas que las sustentan: las 18 de “El Hombre más solo”, los 27 “Dibujos salvajes”, el inmenso -desde muchos puntos de vista- lienzo de “La Gran Ola”, el también gran formato que puede considerarse punto de inflexión o transición “Capaz de cualquier cosa” y su “Mapa Emocional”. En o entre ellos plasma sus numerosos homenajes a sus referentes culturales y vitales, explícitos e implícitos en las obras: Pasolini, Camus y el tantas veces genial Paco Molina, y también Greta Garbo, Giacometti, Debussy, Gould, Rothko, Bolaños, Ford, Wayne, Turner, Goya, Cavafis, Primo Levy, Warburg, Shakelton, Cimino, Peckimpah, Chatwin, Homero, … Enfín: la materia de los sueños. El eclecticismo que somos.

****DIBUJOS SALVAJES, LA GRAN OLA, EL MAPA EMOCIONAL Y HOMENAJES.

Entrando en harina: Una exposición como esta no es nada fácil porque encierra muchas claves personales de un autor que para llegar hasta ellas ha debido purgarse, depurarse, desprenderse de sí mismo, hacer un viaje hasta las últimas razones de su arte, una especie de revolución interior de modo que esta sea la única vía de volcar esta catarsis o regeneración.

Cualquiera que conozca a PPV sabe de su buen carácter, de su delicadeza en el trato, de su alegría de vivir. Entonces ¿a qué vienen estas obras tan densas, oscuras, cargadas de dramatismo y negatividad?
Quien se cuestione esto, no está teniendo en cuenta que el arte -o uno de sus caminos más auténticos y por eso mismo descarnados- es una indagación diría que abismal, en los pensamientos y creencias de cada quien que se atreva a penetrar por estos senderos, que se van iluminando en la misma medida que se avanza, pero que suponen una caída sin red ni flotadores hacia las profundidades existenciales, porque el pintar o crear como es en su caso, supone interrogarse hasta dónde puede llegar expresando con manchas, trazos, líneas, imágenes y tipografía o lo que es lo mismo, quién es como artista. 

También ocurre que parece que toda pintura (y todo arte en general) debe aludir a la belleza, a lo decorativo, y en consecuencia emplear unos colores y formas (aunque sean abstractas) que sean cálidos y por ende atractivos, y que las tonalidades oscuras y el expresionismo que estas evocan, o los otros estilos inclasificables porque definen a las creaciones personales -el feísmo incluso- no fueran también cualidades de la estética, cuando la mayoría de las veces es precisamente lo “bonito” lo que nos aleja del arte.

Siguiendo con esta serie de cuestiones ajenas por completo al hecho mismo de la creación, no parece como si la persona del artista, debiera ser idéntica a su obra (un autor alegre igual a obra alegre, etc.), cuando nada tienen que ver y en la mayor de las veces lo que sucede es justo lo contrario puesto que el arte supone un desdoblamiento, un transformismo, ese camino iniciático a los orígenes de lo que se es como persona y como artista.  

La muestra actual de PPV supone una desmitificación de estos tres prejuicios para cuestionarnos con él, todo lo que han podido significarle estos años de encierro voluntario -fundamentalmente los dos últimos, aunque comenzara a plantearse este regreso a tantas cosas, en 2005- como una inmersión o reversión (mejor que revisión) de lo que ha querido ser desde que decidió optar por el arte o se dejara seducir o secuestrar por él. Un punto cero, un empezar de nuevo, para lo que es necesario ir hasta el principio, romper con todo mientras se va reconstruyendo.
 

QUICO RIVAS: EL ARISTOÁCRATA (III)

Fecha: 12/11/2018

URL: http://elcorreoweb.es/opinion/columnas/quico-rivas-el-aristoacrata-iii-XC4602918


La importancia de Quico Rivas en mi opinión es tan amplia, que se necesita hacer -como lo ha hecho la comisaria de la exposición Esther Regueira, contando con el aporte imprescindible de su familia, que ha sabido custodiar como en un santuario laico, todo lo que ha podido ser su vida para que esta trascienda y sea de utilidad – un Libro-Catálogo que está a punto de salir y que nos desvelará muchas más claves de las que queremos ver ahora.

Continuando con el artículo anterior, donde le dejamos con Bonet y sus seguidores,  hay que destacar necesariamente al Equipo Múltiple (creado por ambos y en activo desde 1959 al 73) en el que hicieron sus propias obras plásticas, redactaron manifiestos, ejercieron la crítica de arte y sobre todo procuraron eliminar por todos los medios a su alcance, cualquier anacronismo sevillano, en los duros coletazos de la Dictadura. 

Aquí se haría necesario un comentario más extenso pues sus obras artísticas de estos momentos, desprenden ecos de las Vanguardias históricas internacionales relacionadas con el neoplasticismo y el rayonismo fundamentalmente, al tiempo que concomitancias de autores relacionados con nuestra capital también ya lamentablemente desaparecidos y en línea con ellos, como fueran el genial Paco Molina o Pepe Soto.

El Hecho de que decidieran rehabilitar la Casa natal de Velázquez e instalar allí la mítica Galería M-11, continuó contribuyendo a que los nuevos valores entonces y los que ya se estaban afianzando (Sierra, Delgado, Gordillo, Salinas, Laffón, …), se dieran a conocer, se integraran en los circuitos de importantes galerías como Juana Mordó o Juana de Aizpuru y al incipiente coleccionismo español, sobre todo cuando después de esta experiencia sevillana se traslada a Madrid, para continuar con todas esas facetas de artista, activista, escritor y gestor. 

Aun así, la importancia que tuvo esta labor conjunta Quico Rivas y Juan Muanuel Bonet en las dos experiencias sevillanas, es la del viaje iniciático, ese que nos trajo la obra de otros “pioneros”, los cuales, desde las artes plásticas y desde cualquier tipo de diseño, quitando la caspa del franquismo e incorporándonos a los nuevos lenguajes coetáneos. Esto mismo ocurrió con otros y otras a los que no se les hace el menor reconocimiento en vida, aunque no es el momento de tratar ahora, sino de resaltar la ingente labor en estos ámbitos (dejemos el de la noche aparte, porque entonces no entenderíamos de dónde sacaba la energía o si era cuestión de retroalimentación continua) y de constatar cómo todo eso fue cayendo en un letargo ideológico y artístico, del que afortunadamente de nuevo salimos ahora.

Hasta aquí puede decirse -después veremos que lo seguirá haciendo siempre- que Quico Rivas escogía estos medios: como la crítica -en realidad historia e historiografía artística- en cada una de las revistas, folletos, proclamas, panfletos, libros, catálogos y textos que redactaba, y en cuanto a la organización de colectivas inmensas por la cantidad de participantes que lograba reunir, sus intervenciones mediáticas y todo aquello que pasara por su cabeza para hacerlo realidad, todo, con el doble propósito de seguir formándose en arte y por supuesto que en ideología, entendida como un cambio radical de mentalidad virando hacia posiciones de izquierda y libertarias, que supusieran un corte también por este lado, con lo anterior.

La exposición no omite nada, es una especie de homenaje de gratitud a todo lo que aportó, un museo que esperemos no sea efímero, que va siguiendo los rastros de su vida, las vicisitudes por las que atravesaba el arte, la política y la sociedad española coetáneos. En estos sentidos podría decirse si se permite el término, que lo que tenemos por delante es una “metaexposición” que da cuenta de los colectivos disidentes -nos sorprendería ver hoy algunos nombres- de los muchísimos que él fue capaz de aglutinar o en los que se integró considerando el arte como una revolución, como esa mezcla de pensamiento y acción capaz de cambiar la mentalidad española, si quiera fuese recurriendo a la protesta, a la denuncia, a lo bizarro, y donde entraba todo: desde críticas a la situación de las cárceles (que conoció por experiencia propia), huelgas de los basureros por ejemplo y para la que organiza la exposición “BasurArte”, la lucha por la libertad de los presos comunes, la revisión de las leyes de peligrosidad pública y la sátira hacia una monarquía continuista que con sus textos, obras y sobre todo esas acciones, pretendía cambiar.

No se equivocó en esto, ni en muchas otras cosas que bien podrían anticipar -o deberían- una situación tan pasiva como la actual en la que se hacen en falta muchos Quico Rivas. Tampoco, en la elección o promoción de bastantes de los que son hoy autores de primera línea o reconocidos internacionalmente.    

Cultísimo, autodidacta, en línea con esos puntales que de vez en cuando surgen, es de esperar que vaya siendo hora de que se le coloque en el puesto que merece, no en tanto como artista -que también- sino en de abrirnos a la modernidad. Ese mito aquí.